Pedro Arturo Aguirre

Hombres Fuertes

El Ocaso de Nursultán

Pedro Arturo Aguirre ·

Singular venero de líderes megalómanos ha sido Asia Central desde el desmoronamiento de la Unión Soviética. Uno de ellos es Nursultán Nazarbáyev, nacido en una familia campesina, formado como ingeniero metalúrgico y elegido en 1989 -tras largos años de oscura fajina burocrática- jefe del Partido Comunista de la República Socialista Soviética de Kazajistán. Al desaparecer la URSS se convirtió, súbitamente, en dueño de la novena nación más extensa del mundo, esteparia e inhóspita, pero llena de petróleo, gas, uranio, oro, carbón y manganeso. Instauró Nursultán en su flameante república un férreo gobierno personalista, autoritario y clamorosamente corrupto. El presidente decidió construir una nueva capital: Astana (rebautizada en 2019 como Nur Sultan), uno de los proyectos de urbanización más caros y delirantes de la historia, situada en medio de la estepa semidesértica. Una ciudad pretenciosa, fría y despersonalizada llena de patosos edificiotes revestidos de vidrio espejado y coronados por horribles picos o cupulotas.

Nursultán dejó voluntariamente la presidencia en 2019, pero no el poder. Recibió el título de “Padre de la Patria” y asumió la jefatura del Consejo de Seguridad. Desde ahí mangoneaba (o creía mangonear) a su lánguido sucesor, un tal Kasim-Yomart Tokáyev. Hoy Kazajistán arde en llamas. Miles de personas salieron a las calles para protestar, por fin, contra su mal gobierno. Las manifestaciones iniciaron por el aumento de los precios del combustible y se convirtieron en un alud de insatisfacción contra el régimen y contra Nazarbayev. “El viejo, ¡fuera!”, gritan, exaltadas, miles de personas en los mítines. Por cierto, la causa de los incrementos al combustible fue la criptominería. El país abarca el 18 por ciento de toda la minería de criptomonedas mundial. Ello demanda ingentes cantidades de energía. Al aumentar drásticamente el consumo de electricidad vino la escasez, lo cual obligó al gobierno a eliminar generosos subsidios a los hidrocarburos instaurados en la época de Nursultán. Esta crisis es flagrante muestra de algunas debilidades de las criptomonedas

La represión ha sido salvaje. Se han perdido decenas de vidas. El presidente de Kazajistán ordenó disparar a la gente sin previo aviso porque, según él, los disturbios son incitados por terroristas extranjeros. Tokáyev ha aprovechado la situación para tomar distancia frente a su predecesor. Ya lo relevó al frente del Consejo de Seguridad y el gobierno ha dejado de llamar “Nur Sultán” a su fea capital, mientras en la calle los manifestantes derriban las estatuas del otrora “Padre de la Patria”. Por su parte, Putin ha enviado tropas en auxilio del gobierno Kazajo. El tiranuelo ruso protege a sus vecinos autoritarios y mucho se preocupa por preservar su “zona hegemónica”. No quiere otro caso como el de Ucrania, donde una rebelión cívica echó del poder al presidente proruso Víktor Yanukóvich en 2014.