Pedro Arturo Aguirre

Hombres Fuertes

Il Capo del Kremlin

Pedro Arturo Aguirre ·

El régimen de Putin es una mafia y por si faltaban pruebas de ello ahí está la muerte violenta de Yevgeny Prigozhin. La mafia impone un estricto código de honor donde la traición y la deslealtad son pecados jamás perdonados. Como buen Capo, el sátrapa ruso sabe premiar la lealtad, pero todavía más sabe castigar la traición. Se cuentan por decenas las muertes de desertores en extrañas circunstancias, desde caídas de balcones y asesinatos a tiros de pistola hasta sospechosos accidentes aéreos (como le sucedió a Alexander Lebed en 2002) y envenenamientos con elementos radioactivos (recuérdese los muy mediáticos casos de los espías Alexander Litvinenko y Serguéi Skripal). Otro traidor martirizado fue el oligarca Borís Berezovski, quien supuestamente se ahorcó en un hotel en Londres.

Prigozhin firmó su sentencia de muerte con su asonada de junio, aunque decía no tener la intención de derrocar a Putin sino obligarlo a despedir a ciertos comandantes del ejército. Por eso confió en el supuesto perdón del presidente. Subestimó la seriedad de como su rebelión había humillado personalmente al jefe. Desde luego, a primera vista con la muerte del dirigente del grupo Wagner Putin sale beneficiado poque con ello establece un duro precedente y una clara advertencia a sus potenciales rivales reafirmando su autoridad con mano de hierro, pero aunque esta violencia pueda parecer un síntoma de fortaleza en el fondo es indicio (uno más) de las ingentes inseguridades de un régimen cada vez más hermético, irregular e inestable y abre la puerta a una mayor desconfianza interna y pérdida de influencia exterior.

Ya desde hace años al régimen de Putin se le notaban las grietas y los remiendos. A fin de cuentas, las disputas entre sus subordinados datan de hace años. Incluso Putin, como buen dictador, alentaba la lucha entre facciones para evitar el desmedido empoderamiento de alguna de ellas. Sin embargo, las disputas entre Wagner y la cúpula militar llegaron demasiado lejos y provocaba el debilitamiento de la cúpula de poder en medio de la guerra con Ucrania y cuando Moscú tiene frentes abiertos en Siria y África. Eliminar a Prigozhin se convirtió en un imperativo político y de “mafioso honor”, pero con su desaparición Rusia se arriesga a perder una de sus principales fuentes de influencia internacional. Los mercenarios están presentes en once países africanos a través de millonarios contratos de seguridad y de explotación de recursos naturales.

Nadie sabe hoy a ciencia cierta cual será el futuro de Wagner. Restaurarlo como una organización casi independiente bajo un nuevo comandante más “leal” es posible pero poco probable. También Putin puede optar por algún tipo de administración más directa desde el Kremlin, lo cual tampoco se augura sencillo. También puede sencillamente disolverlo, pero ello redundaría en la inseguridad de los países donde está presente. Otra idea es reemplazarlo con alguna empresa de mercenarios equivalente, como la Redut, controlada por el Ministerio de Defensa, pero ello fortalecería al alto mando militar y eso es algo muy poco satisfactorio para el presidente. Por eso la muerte de Prigozhin es solo una muestra más del camino hacia el aislamiento y la pérdida de poder de Rusia, agravado considerablemente desde el inicio de la invasión a Ucrania.