Pedro Arturo Aguirre

Hombres Fuertes

Las mujeres, el terror de los autócratas

Pedro Arturo Aguirre ·

La elección presidencial en Estados Unidos de hoy en buena medida se perfila como un enfrentamiento entre géneros. Según la última encuesta del New York Times y el Siena College (finales de octubre) Harris aventaja a Trump entre las mujeres 54 a 42 por ciento, mientras el expresidente supera a su rival entre los hombres 55 a 41 por ciento. Esta brecha podría convertirse en uno de los factores más decisivos en la contienda y sin duda el tema afectará las decisiones el próximo presidente. Una presidenta podría transformar las políticas femeninas en Estados Unidos, desde la salud reproductiva hasta la participación económica y la violencia de género, asuntos con demasiada frecuencia poco atendidos. Trump asegura su intención de proteger a sus mujeres “aunque ellas no quieran”, pero con él lo más seguro sería esperar una desaceleración en el proceso de la equidad de género y en los derechos reproductivos, tal como sucedió durante su primera y, esperemos, única presidencia.

Los autócratas y quienes ansían serlo tienen terror a las mujeres desde tiempos inmemoriales. Por eso no es de extrañar la reacción patriarcal manifiesta actualmente en todo el espectro de regímenes y movimientos autoritarios, desde dictaduras totalitarias hasta democracias iliberales y partidos encabezados por aspirantes a dictador. Xi Jinping ha aplastado los movimientos feministas y excluye sistemáticamente a las mujeres del poderoso del Politburó del Partido Comunista Chino. Putin está haciendo retroceder los derechos reproductivos y promoviendo los roles de género tradicionales, limitando la participación de las mujeres en la vida pública. En muchos países árabes se acentúan las legislaciones dedicadas a reafirmar la hegemonía masculina incluso y en algunos casos (como en Egipto) se ha reinstaurado el derecho a practicar la poligamia. La ola de autoritarismo patriarcal también está presente en países formalmente democráticos, pero con una innegable tendencia autoritaria como Hungría, Turquía e India. También pueden distinguirse propensiones machistas en los movimientos de extrema derecha presentes en Europa occidental, los cuales promueven los roles tradicionales de género como “patrióticos”. Esto incluso en partidos dirigidos por mujeres como Giorgia Meloni y Marine le Pen

En demasiados países la implementación de leyes de igualdad de género se ha ralentizado en los últimos años en temas como el acceso a la atención médica y la educación, la igualdad salarial y la representación política. La violencia intrafamiliar y los feminicidios han aumentado incluso en países industrializados. Y aunque el número de mujeres gobernantes se ha relativamente incrementado en los últimos años, ello solo refleja un aspecto del problema. En su libro Strongmen (Hombres Fuertes) la historiadora Ruth Ben Ghiat hace un amplio repaso analítico de los liderazgos autoritarios de Mussolini a Putin y deja al descubierto las estrategias y estilos de los dictadores en su afán de obtener el poder y conservarlo a ultranza. En la lista de estos modus operandi está apelar al nacionalismo exacerbado, el discurso de odio, la exaltación de un mítico pasado y ofrecer soluciones fáciles para problemas difíciles, pero también esencial es proyectar la masculinidad como símbolo de fuerza y la figura del líder como una persona decidida, agresiva y poderosa.

Bajo esta frágil lógica las características femeninas tienden a verse como símbolo de debilidad. Esta falaz interpretación la propaló Trump durante toda su reciente campaña electoral. No se cansó el soez candidato republicano de dirigir insultos contra la vicepresidenta Harris, a quien llamó (entre otros epítetos) “estúpida”, “retrasada”, “débil” e “incompetente”. Los ataques misóginos también caracterizaron al aspirante a la vicepresidencia J.D. Vance, quien calificó a las mujeres sin hijos y aficionadas a tener gatos como “el veneno de América”. Y aunque es plausible la eventualidad de ver pronto a una mujer ocupando la Casa Blanca, todavía en este llamado “siglo de las mujeres” el género sigue afectando a la capacidad de conseguir puestos de alta responsabilidad pública. Los prejuicios machistas aún están presentes en la percepción de la capacidad de liderazgo de las mujeres y en los balances en torno a sus logros y fracasos, y políticos misóginos como Trump y Vance procuran aprovecharse de ello.