Pedro Arturo Aguirre

Hombres Fuertes

Napoleón en el siglo XXI

Pedro Arturo Aguirre ·

Con la película biográfica de Ridley Scott vuelve a estar en el escenario la figura de Napoleón y la posibilidad de reflexionar sobre quien constituyó un admirable fenómeno de poder y ambición. Vivimos tiempos donde asistimos en todo el mundo, pero de manera particularmente preocupante en algunos de los países más poderosos, a la llegada a los gobiernos de “hombres fuertes” como Vladímir Putin, Narendra Modi o Xi Jinping. Estamos en una era llena de pretendidos “Napoleones” nacionalistas y populistas quienes se hacen del poder con la narrativa de representar al ciudadano de a pie fiándose fundamentalmente en sus instintos y promoviendo un insensato culto a su persona. En estos días no faltan quienes perciben una especie de “ímpetu napoleónico” en las ansias putinianas de restaurar al gran imperio ruso, en la obsesión de Xi Jinping por recuperar Taiwán a como dé lugar y hasta en la absurda pretensión de Nicolas Maduro de conquistar por las armas a la Guayana Esequiba.

¿Qué hacer con Napoleón? A más de dos siglos de distancia el gran corso sigue levantando pasiones encontradas y acalorados debates entre partidarios y detractores. Para el politólogo Gérard Grunberg su principal legado fue “la creación y desarrollo de un Estado moderno, poderoso, centralizado, capaz de generar un conjunto de reglas y aplicarlas de forma uniforme en todo el territorio nacional” Pero también existe el balance negativo de quien fue “un adversario irreductible del liberalismo político, sin olvidar las enormes pérdidas humanas generadas en los campos de batalla”. Y sin duda a los aspectos oscuros deberán añadirse decisiones atroces como

la de restablecer en 1802 la esclavitud, apenas ocho años después de haber sido abolida por la Revolución Francesa, y la de reducir los derechos femeninos al reimponer en su código el modelo patriarcal y la incapacidad jurídica de la mujer casada.

¿Fue Napoleón el gran precedente de los dictadores de los siglos XX y XXI? Sin duda algunos comparten con él sus afanes imperiales, su galopante autoritarismo, su desmedida ambición, su colosal megalomanía, su desprecio por el régimen parlamentario e incluso su talento propagandístico. También pesa aún mucho la teoría del gran hombre, la cual ejerce una influencia peligrosa sobre ciertos líderes actuales. Pero extrapolar burdamente a los tiranuelos actuales con Napoleón es un error. Para el historiador Anthony Beevor “En momentos de turbulencia, la gente siente la necesidad de comprender y por eso vuelve la vista atrás en busca de un patrón, pero la historia nunca puede ser un mecanismo de predicción. Debemos estar atentos cuando los líderes políticos y los medios de comunicación coquetean con la idea de proponer paralelismos históricos… Hoy en día, el poder del llamado gran hombre no se limita a las conquistas militares, como en el pasado. También incluye a los dirigentes capaces de fomentar y explotar el miedo y odio… Cuando el odio se utiliza como arma, se convierte en una forma de guerra por otros medios”. Muchos tiranos a lo largo de la historia han luchado en guerras y han gobernado impetuosamente incluso a veces de manera duradera, pero del régimen napoleónico también emanaron las leyes e instituciones aún vigentes en buena parte del mundo y tal cosa no puede decirse de cualquier dictadorzuelo o aspirante a serlo.